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Llegando al km. 16 Fataga |
Pocas veces antes he sentido tanta seguridad en mi mismo y he mostrado tanta confianza no solo en conseguir acabar una prueba de este tipo, si no también en alcanzar un buen puesto.
Cuando hablamos de una Ultra, nunca se sabe, son demasiados kilómetros, muchas horas y una gran cantidad de variables (factores externos e internos) que pueden afectar nuestra carrera.
Yo había dicho en un post anterior “Prima de riesgo” que la misma era prácticamente cero, pero también dije en “I Have a dream” que buscar los límites tiene sus riesgos, como digo, plena seguridad en mí, basada en el entreno que había llevado, en las distintas pruebas de alimentación, pruebas de ropa, etc…
El inicio de la carrera vino a confirmar mi estado, al poco de una subida vertical de 500 m de desnivel en apenas 1 km. de distancia, el primer kilómetro de la prueba de los 176 a cubrir, ya empezamos a destacar situándonos a la cabeza de la prueba, las piernas iban muy ligeras, con una sensación de mucha agilidad, tanto en subida como en bajada.
El único “pero” era mi estómago que tenía un ligero dolor y pesadez, pero nada de importancia (en principio).
Tanto era el ritmo que, Gilberto Molina, ganador final de la prueba, me comentó que habíamos pasado por el km. 16 con 40’ de adelanto sobre el tiempo que tenía previsto, ¡una locura!, imaginad en maratón cuando corres 5’’ menos por kilómetro de lo que tenías previsto que te puede ocurrir a partir del 30.
En la cabeza estuvimos hasta aproximadamente el kilómetro 25, donde me dejé ir, buscando acomodo a mi ritmo, situándonos a partir de ese momento y hasta mi final en la tercera plaza de la general y primera por equipos.
A partir de este kilómetro, tanto Andrea como yo, competiamos en la categoría por equipo, decidimos un ritmo constante pero asumible, las sensaciones seguían siendo buenas.
Sobre el kilómetro 40 vimos amanecer, “Presa de Chira”, se nos unieron dos corredores más que competían en la categoría individual, a la postre fueron 2º y 3º en la general.
Por cierto ver amanecer en la montaña es una gozada, en este tipo de carreras es fundamental, disfrutar de todo lo que te rodea, de su belleza, olores, sonidos…..de todo ello disfrutas mientras vas bien y mentalmente te ayuda a relajarte.
La unión con estos corredores duró unos 10 km. donde los volvimos a separar y no los volvimos a ver hasta el km. 88, poco a poco el sol empezó a calentar, más aún en la zona sur de la isla donde nos encontrábamos, cuando llegamos al km. 67, Mogán, llevábamos 13 h. y el sol ya era de justicia.
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Km. 67 Mogán |
A todo esto, solo había conseguido comer una rebanada de pan de centeno con miel y unas rodajas de longaniza de pavo, un trozo de plátano, una cerveza y mucho líquido en forma de agua y sales.
Mi problema empezaba a asomar, aunque en ese momento y debido a lo bien que me encontraba, no le presté tanta importancia, no es normal llevar 67 km. con tan poco en el estómago.
A partir de este punto y durante los siguientes 20 km., el calor nos hizo sufrir, es una zona donde no hay vegetación y justo cogimos las horas más fuertes entre la 13 y las 16h. andamos por el desierto, de ahí a La Aldea, donde se situaba el avituallamiento central, km.88, en este punto tenía una ampolla molesta que me curaron y lo que más me preocupaba, los isquios y gemelos daban amagos de contraerse, un baño en una piscina con hielo y un estiramiento en camilla lo solucionaron.
Aquí solo pude comer medio plato de arroz blanco, ese fue el principio del fin, aún así salí con mucha fuerza y ganas, camino del siguiente punto de control, Artenara km. 108.
De La Aldea a Artenara, “solo” hay 20 km., pero qué kilómetros, si estos pueden tener valor doble, yo se los daba, constante subida, en principio muy técnica para después ir convirtiéndose en un sendero de tierra con algunas zonas rocosas. En esta subida se nos hizo de noche, la 2ª noche en vela, hubo un momento en que empecé a tener sudores frios, a sentir hambre y tener mucho sueño.
No paraba de comentarle a mi compañero que quería comer pero que sobretodo cuando llegara a Artenara iba a echarme a dormir 15 minutos, lamentablemente no pude aguantar las ganas y en una de las rampas me tiré, quedándome dormido en segundos o perdiendo el sentido, no lo tengo claro todavía, lo cierto que Andrea se asustó, intenté comer pero empecé a vomitar, una y otra vez, solo líquido, mi cuerpo no había asimilado nada de lo que había tomado, estaba deshidratado.
Sacando fuerzas de donde no se sabe, mantuvimos un buen ritmo y conseguimos llegar a Artenara, aquí intentaron paliar mi deshidratación por distintos medios, pero todo lo vomitaba, finalmente me inyectaron suero en vena y primperan para cortar los vómitos.
Tenía las pupilas dilatadas, ojos amarillos, piel reseca, lengua agrietada y un dolor de ojos importante.
Tres horas estuvimos parados en este avituallamiento, me las pasé durmiendo, cuando desperté me comí un bollo de leche y un paquete de patatas fritas a la vinagreta, me comentaron que eramos todavía primeros por equipos y le dije a mi compañero ¡vámonos! ¡a por la meta!.
Así que nos fuimos, otra vez en carrera, ¡qué felicidad!, pero….todo fue un espejismo, me dí cuenta al poco de comenzar que no podía beber el agua que llevaba en el camel porque me sabía a las sales, esto me volvió a hacer vomitar, ante esto decidí vaciar mi camel y al menos llevar dos kilos menos encima, pero claro continuar con solo un bote de medio litro de agua y sin poder asimilar ni líquido ni sólido era un tanto arriesgado.
Si ni comes ni bebes, estás muerto.
En el kilómetro 112, con 13100 metros de desnivel acumulado decidimos abandonar, era muy complicado completar los 64 km que quedaban en estas circunstancias, sé que hice bien, pero aún así sigo preguntándome ¿qué hubiera sucedido si llego a seguir?, nada bueno posiblemente.
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Momentos de felicidad para el recuerdo |
Finalmente, perdí un reto, que tenía en la mano, y 6 kilos.
Si me dijeran que mañana se vuelve a repetir la carrera, la haría sin dudar, quiero quitarme este amargor cuanto antes. Pero si me dicen de correrla para el próximo año, en este momento, ya digo que ni loco.
Agradecer desde aquí de una forma muy especial a toda la gente que estuvo pendiente de mi en Artenara, Dario Dorta, el personal sanitario y los voluntarios de la carrera, entre ellos Gloria, ¡GRACIAS!
Tal estado quedé que dos días después apenas había comido y tuve que acudir a Urgencias para que me rehidrataran vía vena con dos botes más de suero.
Ya he recuperado 4 kilos, ayer salí a hacer 20 km en bici de montaña y hoy voy a correr 12 kms, estoy con ganas.